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Participación polaca en la cultura europea

Durante siglos, principalmente en la épocas del Renacimiento y la Ilustración, nos beneficiamos de manera profusa de la cultura y el arte de Europa occidental. Las uniones políticas y económicas hicieron que en un tiempo relativamente corto llegaran a territorio polaco las nuevas corrientes en arquitectura, pintura, literatura, arte decorativo y música. En ello tuvieron un papel importante los jóvenes que estudiaban en las universidades italianas, alemanas y francesas, y que a su regreso propagaban los logros más importantes en el campo de la cultura. Muchos artistas extranjeros de nombre conocido trabajaron en la corte, en las mansiones de los magnates o en las ciudades, que en esa época estaban en un periodo de florecimiento. De sus manos, pinceles o escoplos salieron magníficas obras de arte.

En el periodo de mayor florecimiento, cuando Polonia era un país plurinacional, se entrecruzaron las influencias del occidente y el oriente europeo, gracias a lo cual se crearon obras originales, que reunían en sí estas tradiciones tan distintas y lejanas. Parte de ellas forman parte del patrimonio de la cultura europea.

A finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, cuando Polonia perdió su independencia, muchos artistas y creadores emigraron para siempre a los países de Europa occidental, llevándose consigo las tradiciones multiseculares de la cultura y el arte polaco.

El más famoso de ellos es Federico Chopin, gran compositor polaco, conocido en todo el mundo. Nació en Zelazowa Wola en el año 1810. Su padre, de origen francés, era el maestro y preceptor de los hijos de los dueños de una hacienda. El futuro compositor estuvo aquí solamente durante su infancia, pero este periodo, aunque corto, tuvo una influencia enorme en su personalidad artística. El nostálgico paisaje de Mazovia y el rico folclore de las cercanías de Lowicz se verían reflejados en el futuro en su música.

Antes de abandonar Polonia para siempre, a la edad de veinte años, el lugar en el que más tiempo residió fue Varsovia, donde se formó y donde a menudo daba conciertos. En la iglesia de la Santa Cruz (Swiety Krzyz) podemos ver una urna, con un epitafio, que contiene el corazón de Chopin (su tumba se encuentra en el cementerio Pere-Lachaise de París). En el parque de Lazienki de Varsovia fue erigido un monumento modernista al compositor, junto al cual se pueden escuchar conciertos de su música los domingos. Cada cinco años se celebra en Varsovia el Concurso Internacional de Piano Federico Chopin. En la emigración crearon también los mayores poetas polacos: Adam Mickiewicz y Juliusz Slowacki.

A finales del siglo XIX aparecieron en el país talentos literarios como Boleslaw Prus, Henryk Sienkiewicz y Josef Ignacy Kraszewski. Henryk Sienkiewicz fue el primer escritor polaco galardonado con el premio Nobel (1905). Fue autor de muchas obras históricas, entre ellas de la novela „Quo vadis”, que fue traducida a numerosos idiomas, convirtiéndose en un gran éxito mundial.

En el año 1924 también recibió el premio Nobel Wladyslaw Reymont, autor de diversas novelas y reportajes, entre ellos libros tan importantes como „La tierra prometida” (Ziemia obiecana) y la gran epopeya „Los campesinos” (Chlopi). A finales de esta última centuria otros dos creadores polacos han sido laureados con esta prestigiosa distinción. El Nobel de Literatura le fue concedido al escritor y poeta Czeslaw Milosz en el año 1980, y a la poetisa Wislawa Szymborska en 1996.

La cultura contemporánea polaca también tiene destacados creadores, valorados en todo el mundo. Además de los Nobel ya mencionados, son también universalmente conocidos los nombres de Krzysztof Penderecki, Witold Lutoslawski o el director de cine Andrzej Wajda.

La cultura europea es todo un tesoro en la que cada pueblo tiene, aunque sea muy pequeña, su parte. Durante siglos se creó esta tradición, y su valor es difícil de apreciar. Sobre todo en la era de la globalización de la cultura y de la difusión de la cultura de masas.